José Ángel Barrueco nos leerá poemas de su último libro de poemas El amor en los sanatorios mañana sábado 31 a la una de la tarde en A pie de Página.
viernes, 30 de mayo de 2014
jueves, 29 de mayo de 2014
Palabras de mar a mar, de Rita Vargas, Manuela Serrano y Carmen Lezcano. Viernes 30, a las 8 de la tarde
Gloria Rivas Muriel
Este hermoso
poemario, Palabras de mar a mar 2,
es el resultado de un esfuerzo poético de tres mujeres comprometidas. La
conjunción de la obra lírica de tres escritoras que, a pesar de la distancia,
el Atlántico es ancho y la selva espesa, han conseguido el sueño de ver
publicado su trabajo de compromiso, de amor, de tierra y del tiempo que
irremediablemente pasa.
Ilustrado con dibujos
de Perú, prologado con palabras de Ecuador, y bendecido con buenos deseos desde
España, esta trilogía poética aporta a la historia de la literatura una muestra
más del valor del lenguaje más universal.
Rita Vargas nos
ofrece sus versos organizados en el mismo orden que se ordena la vida: comienza
cantando, aunque sea con quejidos de quena dolorida, y termina lamentando las ausencias, esperando inevitablemente
los lunes por la tarde cuando, según
nos cuenta aquí, viene la muerte a casa y rugen
los volcanes con un fuego vivo. Entre renacer y morir, Rita Vargas, la
poeta de Ecuador que canta en el pajonal, defiende la decencia del
comportamiento humano y grita como puede en una selva llena de color, de viento
y de lluvia nutritiva.
A Carmen
Lezcano le interesan las palabras libres. Las quiere así para que sean
eficaces contra la injusticia y contra la docilidad servil que nos hace no solo
esclavos, también pobres. Palabras de gaviotas y de mujeres guerreras y sin medallas, los versos de
esta poeta peruana nos hablan de emigrantes, de una casa que pierde su
dirección y de una Tierra oronda que,
a pesar de todo, ofrece su generosidad. Emotivos son también los poemas que nos llevan a César Vallejo, el poeta del
humanismo, y luminoso el paseo por las callejas
y bulevares de la ciudad de París.
La española Manuela Serrano nos invita a un bello viaje lírico. Y aunque inicia
este camino ligera de equipaje, como
el poeta de Castilla, regresa fraternalmente americanizada para homenajear a sus compañeras. Sugerentes
versos en el desierto más lúcido de
su esperanza, en el penal de las presas sin malicia, o en el trayecto que va del inconformismo más
necesario al compromiso más serio. De Ítaca
a la selva de Irati no hay más que un
paso en libertad. El mismo que hay de su casa a la Fuente Dorada de Valladolid,
para acudir ligera, poeta de su pueblo, a decir que está indignada.
Y yo no tengo nada
más que contar. Ya se darán cuenta ustedes al leerlas, queridos lectores, que estas tres autoras comparten un
sentimiento común y una honrosa intención lírica: el amor a la vida y el deseo
de hacerla más amable. También el desvelo
por hacer de su poesía, una vez más, un arma
cargada de futuro. Leerán este poemario
más de una vez. Estoy segura.
Con mi admiración y
mi respeto hacia las tres.
El Zapi, de nuevo mañana viernes en la librería
Para presentarnos su The Bestiario, Felipe Zapico estará mañana viernes 30, a las 7 de la tarde, en nuestra Librería A pie de Página. Nunca un texto se volvió tan visual, recreándose en la proyección de las mismas palabras elegidas. Seguro que escuchar al Zapi poniendo su especial y contundente sonoridad es una gozada. No faltéis.
The Bestiario está editado por ebookprofeno.
lunes, 26 de mayo de 2014
El doble recital de Ana y Pablo
El viernes tuvo lugar la lectura de diversos poemas de las obra de Ana Pérez Cañamares y de Pablo Otero. Ana nos pasa el siguiente texto titulado
LA ACCIÓN POÉTICA
Acción y poesía son dos palabras que, en un principio,
pueden resultar contradictorias. Parece que la poesía fuera sobre todo un
estado estático, receptivo, como tumbarse y absorber los rayos del sol.
Es cierto que la “acción” de leer y escribir versos comienza
con una disposición del ánimo. Una atención especial de los sentidos y la
mente. Una entrega a los que los objetos, los seres, las palabras tengan que
decirnos. Una apertura receptora que implica parar, dejar a un lado la rutina, y
que de primeras no evoca nada que suponga una acción, un movimiento.
El poema puede surgir de una revelación aguda y repentina
-como una flecha que vemos venir y no evitamos- o de un conocimiento hilvanado
y profundo, hecho de tiempo, desarrollo y esfuerzo, como si buceáramos hasta el
fondo de nosotros mismos en persecución de una idea.
Os daréis cuenta de que las metáforas conllevan ya cierto
movimiento. La trayectoria de la fecha, las brazadas hasta el fondo... En el
poema hay que ganarle a la pereza, la prisa, la costumbre, y atrevernos a
cuestionar lo que damos por hecho. Tenemos que ser más listos que nosotros
mismos y darle lo mejor que tenemos. Y eso supone siempre dejar entrar una
revelación que viene de fuera propiciada por algún hecho o percepción,
abandonar la superficie en la que normalmente vivimos. Ir a la búsqueda
interior de eso que nos hace más humanos, y por tanto, más iguales a nuestros
semejantes, más allá de nuestras particularidades o apariencias externas.
El espíritu, o la conciencia, en fin, ese lugar al que va
dirigida la poesía, sufre una sacudida, un temblor que lo saca de su comodidad.
La poesía es contemplación, sí, pero no estática. Una esquirla de la realidad ha atravesado al poeta, este
traduce el impacto al papel, que lo guarda latente hasta que un lector decide
frenar la trayectoria poniéndose a sí mismo delante. La poesía no existe sin
que se complete ese recorrido. Siempre necesita de un cuerpo vivo en el que
alojarse. Y no sólo uno. Necesita inocular su virus sucesivamente en distintos
cuerpos.
Dice José Agustín Goytisolo que “poeta no es el que siente o
se conmueve; poeta es el que hace sentir o conmoverse a los demás”. En una
primera instancia, el poeta necesita la soledad, pero no se basta solo. Es un
pregonero que busca el acontecimiento, pero la noticia no es tal hasta que no
sale de su boca. Se hace valedor de un secreto, pero luego el secreto le pesa y
tiene que ponerle alas y echarlo a volar. Y las palabras son el método
científico que le sirve para poner a prueba sus intuiciones, para ver si pueden
erigirse en fórmulas que sean válidas para otros.
La poesía, así entendida, es una responsabilidad. Es entrar
en contacto con una lucidez que sólo se entiende si pertenece no solo a uno,
sino a una comunidad. El poeta, tanto como el lector, acuden a su fuente como
una cura para su necesidad de verdad, consuelo, comprensión o compañía.
Cada uno accede a este manantial a su manera: hay poetas que
abren los ojos y se inundan de luz, y los hay que los cierran y trabajan tanteando
en la oscuridad. Como hay lectores que necesitan de silencio y soledad para
entregarse a esa pausa de las distracciones del ego, esa cita de almas que es
la lectura; a otros les resulta más fácil si participan del rito de la
comunión, en un recital de poesía. Últimamente, parece que la poesía está
saliendo de la cama y del sillón a lugares más abiertos. Hemos asistido a
recitales en plazas, parques, bares, bibliotecas, al terminar una asamblea o
una manifestación. Creo que esto se debe a la naturaleza de los tiempos que
vivimos. Hemos creído – nos han hecho creer- que nos bastábamos solos, y ahora
comprobamos cuánto necesitamos volver a replantearnos todo y regresar a los
orígenes -como dice la poeta Szymborska “no hay preguntas más apremiantes/que
las preguntas ingenuas”. Y tenemos que hacérnoslas juntos, alimentando la
inteligencia colectiva, volviendo a esa palabra que teníamos olvidada y que la
poesía rescata y pronuncia implícitamente una y otra vez: “nosotros”.
En cualquier caso, ya sea la lectura una experiencia
solitaria o colectiva, ¿qué le está pidiendo el lector al poema? No salir
inmune de la experiencia. Hay una frase en la película Leolo que recuerdo a
menudo: “Sólo le pido a un libro que me recuerde la urgencia de actuar”. Pero
un sujeto que actúa tiene que haber experimentado primero un cambio interior;
sin ese cambio, acabará por repetir los mismos actos de siempre. Algo dentro de
él, en sus convicciones, en sus prejuicios, en su manera de ver y enfrentarse
al mundo, tiene que haberse roto, desmoronado, abierto, para dejar paso a algo
nuevo; quizá no radicalmente nuevo, pero sí lo suficiente como para no haberlo
reconocido hasta el momento en que las palabras lo nombran. La poesía atraviesa
lo tópico, lo aprendido de memoria, para llegar a lo esencial, lo que no
habíamos visto o no habíamos podido reconocer. Y algo en ese lugar no físico,
cambia, se desplaza. Sin este cambio previo, los actos serán pantomima efímera
e hipócrita. Pero si ese movimiento se produce, las acciones sobre el mundo en
las que se traduzca serán honestas y podrán dar fruto.
La poesía tiene la llave para operar esos cambios, porque el
lenguaje tiene una fuerza que no tienen otros vehículos transmisores. Las
palabras dichas con ritmo y con belleza se dirigen a la intuición, a la
emoción, a la razón. Nos sacuden enteros. Y cualquier cosa que las palabras nos
empujen a pensar, a vivir, a sentir, será una acción poética. Creación en
estado puro. Como querían los griegos para la palabra poiesis. Platón la
definía como “la causa que convierte cualquier cosa que consideremos de no-ser
a ser”. Según él, hay un movimiento que se da en el alma mediante el cultivo de
la virtud y el conocimiento”. Heidegger explica la poiesis como “el florecer de
la flor, el salir de una mariposa de su capullo, la caída de una cascada”.
El poeta John Berger dice que “cuando una persona se ve
afectada por lo que ha visto, ha escuchado, ha leído, deja de ser la que ha
sido, puede actuar de manera diferente”.
Creo haber explicado con todo esto que para mí la poesía es
sobre todo un movimiento del interior más profundo, más desnudo, aquel lugar en
el que es difícil mentirnos -porque ¿para qué?, si la poesía es quizá el
aprendizaje de no mentirse a uno mismo- hacia los brazos de los otros. Sin este
baile de dos pasos, la poesía no está completa. Sumando uno y otro paso, la
poesía nos empuja hacia los demás y desdibuja nuestros límites. Un poeta
desconocido toca nuestra alma y gracias a su caricia, podemos ser más
generosos, más flexibles, más abiertos a nosotros y al que tenemos lado.
Nosotros. Esta es la palabra que me gustaría que se
escuchara tácitamente al final de cada uno de mis versos.
jueves, 22 de mayo de 2014
Ana Pérez Cañamares y Pablo Otero, recital a dos bandas
Mañana viernes 23, a las 8 de la tarde, recital a dos bandas de Ana Pérez Cañamares y Pablo Otero en la librería A pie de Página. Os esperamos.
miércoles, 14 de mayo de 2014
Vicente Muñoz Álvarez + Jorge M Molinero el viernes
Lo que dice el cartel: que el viernes 16, a las 8 de la tarde, se pasarán por la librería Vicente Muñoz Álvarez y Jorge M Molinero, para un doblete poético. Previamente, a las 18,15, con el tema La poesía y los discursos de la calle, ambos poetas participarán en el ciclo Poesía en tiempos de disolución, que tendrá lugar en la Sala de Juntas de la Facultad de Filosofía y Letras.
Os esperamos.
lunes, 12 de mayo de 2014
Ape Rotoma estuvo el viernes con sus Mensajes
Como estaba previsto, Ape Rotoma y sus Mensajes de texto y otros mensajes fueron presentados en la librería el pasado viernes por Jorge M. Molinero. Molinero tiene dedicado un poema en el libro, el titulado Sobre quejas y molestias. En el digital Último cero Laura Fraile comentaba lo siguiente:
"Son poemas que no tienen un tema único. Hablan del amor y la muerte, del tiempo y del sexo", aclara Ape. Dentro de estos Mensajes de texto y otros mensajes hay un recordatorio a lugares como El bar de mi amigo Chechu (Drunk song) a través de unos versos que éste dedica a 'los habituales del extinto bar La Cama', un sitio al que Ape describe como un 'refugio nuclear que protege del fracaso y del desánimo a unos cuantos denostados que devienen importantes y famosos personajes solo con estar allí'. Este poemario también se detiene en momentos como la 'pausa para echar un cigarrillo clandestino en el cuarto de las escobas', en la que nos deja escuchar la conversación entre un maliense y un colombiano, palabras que dan forma al poema Los de la limpieza.
Ape dedica estos Mensajes de texto y otros mensajes a tres escritores: Emma Cabal, Karmelo C. Iribarren y Óscar Esquivias. 'Son personas que me empujaron a volver a escribir. En el caso de Karmelo, le envié unos cuantos poemas y él se los pasó a la editorial Renacimiento. Emma fue la que me dijo: coge esos poemas y mándaselos a Karmelo. Óscar también estuvo leyendo mis poemas antes de que se publicaran', explica este poeta. Los versos de Ape son directos, en su libro no hay lugar para los eufemismos. 'Cuando te diga te quiero, no será para decir eres única, no soy nada sin ti, por ti haría cualquier cosa... Cuando te diga te quiero estoy queriendo decir me voy a comer tus bragas', reconoce en Polisemia.
También hay reflexiones sobre la escritura: 'Un buen poema debe decir muchas cosas, en renglones muy cortitos, dejar espacio en la página suficiente y aún de sobra para todas esas cosas que no dice', escribe en Renglones cortitos. Más delante, en He tardado en aprenderlo, reconoce algo más sobre esta tarea: "Es imprescindible para sobrevivir en este oficio no hacer ni puto caso a la opinión de los listos. De los tontos ya ni hablamos".
viernes, 9 de mayo de 2014
Depablo i Martí y su aventura sin quererlo ni beberlo
Ayer tuvo lugar la presentación del libro La increíble y formidable aventura de un escritor que no quería serlo, de Jesús Julio Martín, que firma el libro como Depablos i Martí. Fue presentado por el editor de El desván de la memoria. Recogemos del blog del autor la siguiente reseña:
"He vuelto. Después de un año sin acercarme por aquí. Y he regresado con una novela bajo el brazo. La increíble y formidable aventura de un escritor que no quería serlo. Título largo, para una novela corta.
Trepidante, ágil y llena de humor, así es como me ha salido. La recomiendo. No os defraudará.
Ayer, junto a mi editor, Ramón, tuve la presentación en la Librería A pie de Pagina, en Valladolid.
Ilusionado y nervioso me presenté y salió todo genial. Con buena gente es todo más fácil.
El libro lo podéis pillar en la página de la editorial y en vuestras librerías habituales.
* Fotografías tomadas del blog del autor del libro: http://depabloimarti.blogspot.com.es/
jueves, 8 de mayo de 2014
Mensajes de texto y otro mensajes, de Ape Rotoma, se presentará mañana viernes 9
Mensajes de texto y otros mensajes, de Ape Rotoma, e sel poemario que, editado por Renacimiento, será presentado el próximo viernes 9 de mayo, a las 8 de la tarde en la librería A pie de Página. Será introducido por Jorge M. Molinero.
Ape Rotoma (José Alberto Rodríguez Tobes) nació en Aranda de Duero (Burgos) en 1967, lo que en efecto significa que no es precisamente un chaval. Desde entonces, ha hecho un poco de todo y un mucho de nada. En 2002, la Tertulia Literaria Ribereña y Arandina (Telira) edita “149 PCE (Algunos de los poemillas pergeñados entre 1987 y 1998)” y en 2014, Editorial Renacimiento, "Mensajes de texto y otros mensajes". Colecciona libros de poesía, clásicos griegos y romanos, novelas de ciencia ficción, ensayos sobre cine, psicoanálisis, drogas y otras rarezas.
Jorge M. Molinero
Ape Rotoma viene a Valladolid a por libros. Me manda un mensaje privado por el facebook para ver
si podemos quedar a tomar un café. Nos vemos, hablamos y de repente se descuelga: ¿Quieres
hacerme el prólogo para el poemario que saco el próximo año con Renacimiento? Sin
compromisos, como si eso valiera de algo entre colegas. Sin compromiso, acepto, como si eso
valiera de algo...
En uno de los primeros poemas que aparecen en este Mensajes de texto y otros mensajes, llamado
Objetivos, el arandino escribe:
"Después de la eyaculación
todo pierde su sentido."
Ahora, si eres de esa clase de gente rara que lee los prólogos, esperarás algo, no sé el qué, pero algo.
La diferencia es que yo ya me he leído el poemario de Ape, me he tragado metafóricamente su
eyaculación y he de darle la razón, no tiene sentido hablar sobre algo que tiene que defenderse sólo
en el papel. Mejor no leer el prólogo, abordar los versos que siguen sin prejuicios. Si te has
acercado a este libro es porque sabes, o al menos intuyes qué te vas a encontrar. Si ha sido
casualidad, ¿qué puede aportarte los vacíos desvaríos de un colega del autor que, por amistad va a
lanzar una perorata de alabanza y poética comida de polla?
Ape Rotoma se confiesa sin pudor vago. De hecho, han pasado 12 años desde su primer poemario,
149 PCE, hasta este último por el momento, aunque a ese ritmo no descarto que sea el último de
verdad.
Doce años da para mucho, el poemario es gordito y Ape realiza un ejercicio de honestidad que no es
fácil de ver en la poesía. Se exhibe y se expone, se muestra y da la sensación que le resbala lo que
pueda pensar el lector. En este tiempo, el alcohol dejó a Ape Rotoma, no al revés, él no hace
esfuerzos y yo, sinceramente, esperaba un trabajo atormentado, una bajada a los infiernos; agotar el
filón comenzado por muchos otros antes, hemos quedado en que es vago, pero no. Se desmarca con
un conjunto de poemas cotidianos, con la presencia, unas veces densa y las más, imperceptibles, del
maestro Iribarren. Es el mayor miedo, creo, del de Aranda al afrontar este libro. Que te llamen mala
copia de Iribarren, para mí, sería un piropo emocionante, pero en estos Mensajes no sucede, tiene
vida propia y un estilo y voz bastante peculiar e inconfundible, no necesita de papá para caminar
solo, ni mucho menos.
Me suelen costar los poemas largos, soy géminis, me disperso rápido y busco atención en otras
cosas y escotes, pero en este poemario, cuanto más extensos, más he disfrutado, porque en ellos el
poeta saca su filosofía más vital, llana y humorística para denunciar, sin pretenderlo, la actual
miseria humana, colocándose él en primera línea.
Porque me ha parecido un poemario social, sin temor al estilo panfletario del que cojean muchos de
los poemas de este estilo, pero el secreto está en no hacerlo a posta, como ha conseguido Ape,
porque ¿hay poema más social que escribir lo que ves, lo que te pasa, sin revestirlo con cuchillos y
megáfonos?. La serie de Los de la limpieza me parecen brutales, ácidos, desoladores y muy cínicos.
Los poemas más personales y reales, sin florituras, en los que habla de sus penurias económicas son
absolutamente geniales y botón de muestra de poesía de denuncia alejada de posturas. Honestidad,
nada de cara a la galería.
Los haikus, una gozada cada uno de ellos; los mensajes de texto, un género en sí mismo. La verdad
es que al final, doce años no son nada y tal y que mereció la pena la espera para poder disfrutar por fin
del segundo poemario de Ape Rotoma, poeta honesto, sincero y trasparente.
Ahora sólo te queda a ti leerlo y darme la razón, o no, porque
Después de la eyaculación
todo pierde su sentido.
miércoles, 7 de mayo de 2014
Mañana jueves 8, La increíble y formidable aventura de un escritor que no quería serlo, de Depablo i Martí
Mañana jueves 8 de mayo, a las 8 de la tarde, tendrá lugar la presentación en A pie de Página del libro de Depablo i Martí La increíble y formidable aventura de un escritor que no quería serlo. Está editado por la editorial El desván de la memoria, con portada de Lombilla.
lunes, 5 de mayo de 2014
Parques metropolitanos y jardines históricos, debate en el Café Teatro Zorrilla
La Asociación Española de Paisajistas- AEP / sección Castilla y León, en colaboración con la Asociación Cultural Ciudad Sostenible ACCS y el Café Teatro Zorrilla, organiza la undécima sesión del CURSO DE ESPECIALIZACIÓN EN PAISAJE, que se celebrará mañana Martes 6 de mayo, en el Teatro Café Zorrilla (Plaza. Mayor, 9, 1ª planta).
Temas y ponentes:
"PARQUES METROPOLITANOS"
Boriana Dontcheva y Peter Nicolov, paisajistas AEP.
"JARDINES HISTÓRICOS"
José Carlos Sanz Belloso, arquitecto paisajista.
Presenta: Celestino Candela Pi, por AEP.
Horario: de 17:00 a 19:00 horas.
Asistencia gratuita.
miércoles, 23 de abril de 2014
Los dormidos, de Rodrigo Garrido Paniagua, se presentará mañana jueves 24
El jueves 24 se presentará en A pie de Página el poemario Los dormidos, del vallisoletano Rodrigo Garrido Paniagua. Ha sido editado por Origami. La presentación correrá a cargo de Jorge M. Molinero. De sus poemas dice Molinero en la introducción al libro:
"Estridencia es lo que nunca encontrarás en los versos de Rodrigo, siempre limpios, colocados en el lugar exacto, desabrigados de artilugios raros que se pierdan en aprobaciones vulgares. Nada de cara a una galería que Rodrigo parece desechar: si el poeta no tiene nada que decir, no escribe; no adorna si no cumple una función. Y ahí podía residir la principal carencia de este vallisoletano: la corrección."
El libro, compuesto de tres partes, Tiempos dóciles, La costumbre y Un lugar que era el mismo, es, en palabras de Molinero, "un poemario social muy logrado y trabajado. Y camuflado en el intimismo por más que su autor se empeñe en narrar en nosotros." Ofrecemos el último poema que figura en las páginas de Los dormidos..
Despertar
Vivir despacio,
mirar a los ojos de los que nos rodean,
saborear todo aquello que no dicen.
Encender hogueras,
dar de beber,
amar sereno el tiempo del amor.
Soportar las plagas del cielo
con paciencia de trinchera.
El dolor es una amante peregrina.
Asistir al parto
de una nueva palabra.
Colocarla detrás de otra
hasta formar un río.
Percibir el esfuerzo del árbol
por hacerse bosque.
Observarse, de vez en cuando,
las líneas de las manos.
lunes, 21 de abril de 2014
'Daniela Astor y la caja negra', de Marta Sanz
DANIELA ASTOR Y LA CAJA NEGRA.
Sobre el fetichismo de las mujeres y el “reconocimiento” de su realidad.
Un texto muy rico para “Derecho y literatura”.
Javier Dámaso
Mientras en la sala de exposiciones de la calle de la Pasión del ayuntamiento de la ciudad se exhibe una muestra sobre el “eterno femenino”, frustrado intento de hacer un discurso de género sobre la presencia femenina en la pintura, como muestra Pedro Ojeda en su blog (http://laacequia.blogspot.com.es/2014/03/el-eterno-femenino-retratos-entre-dos.html), vino a Valladolid la escritora Marta Sanz a presentar su última novela, Daniela Astor y la caja negra. En este caso, para marcar la diferencia, construyendo un discurso pleno y bien armado sobre la realidad de las mujeres en nuestro tiempo. Y aún debería decir que, sin buscarlo, como voy a exponer, con una novela cuya trama resulta casi imposible que pueda ser más apropiada en este momento.
En el Salón de Grados de la Facultad de Derecho, con una sala llena para un viernes por la tarde con actos simultáneos en otros foros de la ciudad, hicimos la presentación, organizada entre la librería A pie de página y el Grupo de Investigación Reconocido de Derecho y TICs de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valladolid, en el marco del programa Lecturas de Derecho y Literatura, que se iniciaba precisamente con esta presentación.
Foto. Ricardo Fernández Otazo
Por hacer una explicación sucinta que justifique esa inclusión, diré que la relación entre Derecho y literatura goza de una larga tradición, que en España se remonta a un seguidor de don Pedro Calderón de la Barca, Juan López de Cuellar y Vega, que ya en el año de 1670 escribió una Declaración histórica y jurídica en defensa de la poesía, donde pretendía justificar la utilidad poética al servicio del jurista, como instrumento para mejorar y completar sus dotes oratorias. Diré también que prestigiosos y significativos juristas anglosajones, de singular influencia en el mundo del Derecho, han utilizado y defendido el método que se conoce como Derecho y Literatura, como Richard Posner y Ronald Dworkin, y que una filósofa tan aclamada como Martha Nussbaum, en su libro Justicia Poética, planteó con claridad la utilidad de la literatura como instrumento para neutralizar la abstracción y simplificación del Derecho. La literatura permite incorporar las emociones, hacer manifestación de la compleja realidad del sujeto de Derecho. Frente a la generalidad del Derecho, como ha planteado también el crítico literario alemán Hans Mayer (el Derecho es incapaz de alcanzar al sufrimiento humano concreto, lo que implica el fracaso del ideal de la Ilustración), la literatura permite singularizar al sujeto jurídico, trata de los casos excepcionales, posibilita su manifestación, les otorga “subjetividad”. Es un reto al principio de igualdad jurídico. La literatura permite el “reconocimiento”, por utilizar la expresión del filósofo Axel Honneth, el reconocimiento del “otro” como ser humano concreto. La literatura opera siempre como alegoría de la realidad y sólo cuando busca despejar la comprensión y revelar lo que está detrás, como iluminación profana.
Foto Mar Samos
Hay, finalizando esta breve síntesis, tres posibilidades en las relaciones entre Derecho y literatura: a) el Derecho en la literatura, el uso por los literatos de las situaciones jurídicas; b) la literatura en el Derecho, es decir, la regulación de la literatura por el Derecho; y c) el Derecho como literatura, aplicando el paralelismo que permite el uso del lenguaje y las utilidades de este desde la hermenéutica, desde las técnicas de interpretación.
En este contexto, las obras de Marta Sanz se incorporan como modelos especialmente apropiados para singularizar casos concretos de sujetos jurídicos que sirven de paradigma en su campo normativo. Su realismo narrativo, no desprovisto en absoluto de vuelo, sino todo lo contrario, siempre con un planteamiento que trasciende la anécdota, encaja exactamente en el modelo que Martha Nussbaum configura en Justicia Poética. Escritora de larga trayectoria, Marta Sanz tiene en su haber diez novelas, El frío (1995), Lenguas muertas (1997), Los mejores tiempos (2001), Animales domésticos (2003), Susana y los viejos, (2006), La lección de anatomía. Barcelona (2008), Black, black, black (2010), Un buen detective no se casa jamás (2012), Amour Fou (2013) y la última, Daniela Astor y la caja negra (2013). Además tiene dos libros de poemas, uno, de 2010, en el que se recogen dos poemarios, Perra mentirosa y Hardcore, y el segundo, de 2013, que lleva por título Vintage.
Foto Mar Samos
Debo decir que, para mí, el hallazgo de la obra de Marta Sanz ha sido una maravillosa sorpresa. En primer lugar, leí su novela Black, black, black, donde aparecía un magrebí como claro sujeto de exclusión, blanco de la más clara perfidia por su condición de extranjero e inmigrante. Después accedí a su poemario Vintage, lleno de fuerza, profundidad, ironía y melancolía, que en algunos casos me trajo indudables ecos de Margaret Atwood.
Finalmente leí Daniela Astor y la caja negra, la última novela, objeto de la presentación. ¿De qué trata? Se trata de una novela sobre las mujeres, en realidad sobre las mujeres en España, en especial desde los años 78 y 79 y su proyección hasta hoy. La novela comienza por un referente icónico fundamental: las mujeres del “destape”.
El icono fetichizado de la mujer “erótica” del cine y la televisión de los años 78-79, las “divas del destape”, aparece como un patrón social omnipresente que incluso toman como modelo a seguir las dos protagonistas de la primera parte de la novela, dos preadolescentes de doce años, precoces luceros en sus sueños del star system voluptuoso español. Por las páginas de la novela se pasean todo el catálogo de estrellas femeninas del momento: Amparo Muñoz, Susana Estrada, Bárbara Rey, María José Cantudo, Marisol, Victoria Vera, Tita Cervera, Raffaella Carrà, Ágatha Lis, Victoria Abril, Lydia Bosch, Silvia Marsó, Yolanda Ríos, Nadiuska, Sandra Mozarowsky, Patricia Adriani, Fiorella Faltoyano, Carmen Platero, Adriana Vega, Blanca Estrada, Didi Sherman, Azucena Hernández, María Casal, Beatriz Escudero, Jenny Llada, María Luisa San José, Emma Cohen, Ana Belén, Teresa Gimpera, Maribel Martín, Gloria Berrocal, etc, etc, etc. Alguna debe faltar, como Silvia Tortosa, se me ocurre, por decir alguien, pero el carácter exhaustivo del inventario, abruma.
Foto Ricardo Fernández Otazo
Como ya referí, dos niñas juegan a ser divas del destape, con su glamour y el fetichismo del mercado aplicado a lo humano; son “seres especiales”. Y en medio del cuento de hadas de aquellas “jóvenes deseables” aparece una situación concreta: la decisión de una mujer de llevar a cabo un aborto. Los límites sociales y penales a la libertad de las mujeres. Este hecho da una giro completo e inesperado a la novela y trastoca la jerarquía y la valoración previamente hecha de algunos de los personajes.
La técnica narrativa se enriquece enormemente en la novela con un procedimiento muy hábil: el guión de un documental aparentemente televisivo (“las “cajas negras”) que va desarrollándose en paralelo insertándose fragmentos del texto entre capítulo y capítulo de la trama. Ello permite introducir con suma facilidad imágenes, planteamientos teóricos e interpretaciones sociológicas, políticas, estéticas, frente a la dificultad usual de incorporar en una novela un discurso teórico. Al mismo tiempo, la lógica del guión introduce una perspectiva tecnológica: imágenes televisivas, pero también referencias a páginas web, a blogs, etc., con lo que hay una presencia concreta de la tecnología en la novela que la convierte en una clara expresión del modo de percepción actual de la realidad.
Foto Mar Samos
Y en medio de este contexto, una decisión sobre un aborto que pone sobre el tapete las consecuencias de la criminalización de la interrupción del embarazo. Una situación concreta, una singularización específica de una experiencia traumática, que lo es por razones muy diferentes, todas ellas externas al propio hecho del aborto (la pareja, la familia, la legislación). Ello convierte a la novela en un texto radicalmente iluminador del presente, sin haberlo planificado ni premeditado, pues aún no se encontraba en tramitación y se desconocía el actual anteproyecto de ley del ministro Gallardón. Un vínculo muy útil y benjaminiano entre dos tiempos, que enlaza una experiencia imaginaria de 1978 -pero llena de autenticidad, no sólo de verosimilitud- con el presente normativo de 2014. Y desde la perspectiva del Derecho, hay que destacar que la autora se asesoró por expertos juristas, jueces y abogados, para no errar en los detalles de los acontecimientos jurídicos de la trama.
“La carne y el cuerpo”, titulaba Marta Sanz su presentación, para poder evidenciar el juego mercantil de lo femenino, pero nos habló también del alma, del alma de la mercancía, como decía Walter Benjamin, llena de sutilezas para atraer a todos los flaneurs. Y es que, en último término, el “eterno femenino” no deja de ser una categoría mistificadora de una mirada profundamente masculina y uniformizadora. Y frente a la mistificación, la cruda realidad de la restricción de la libertad en la toma de una decisión trascendental y de su criminalización.
¿Sirve la literatura? Sí, por supuesto que sirve. Muestra las emociones, el dolor y el sufrimiento humanos que es capaz de provocar el Derecho en una situación concreta.
domingo, 20 de abril de 2014
Poesía en tiempos de disolución
Pintura de Alexander Deineka
La Universidad de Valladolid organiza tres jornadas -25 de abril, 16 y 23 de mayo- en que la poesía será objeto de análisis y valoración. Tal como nos cuentan desde el Área de Extensión y Cultura de la Universidad:
"Vivimos en un tiempo de progresiva disolución de la sociedad que hemos conocido. El contrato social que regula la política está transformándose y pierde sus anteriores perfiles; en lo económico también el modelo antiguo está disolviéndose; en el plano cultural, la introducción de las tecnologías digitales ha dado un vuelco al concepto de cultura que abarca desde los derechos de autor hasta la difusión, permanencia o disfrute de las obras; por último, por no alargar la lista, las Humanidades están disolviéndose en los Estudios Culturales o en los nuevos intentos de asimilarlas o subordinarlas a disciplinas científicas. Cada vez es menor la relevancia que puedan tener la Filosofía, la Literatura o las lenguas clásicas, en parte por la disminución de la financiación pública de las Humanidades en el sistema educativo en parte porque desaparecen de los planes de estudio.
Sin embargo, un arte como la poesía, con varios siglos de existencia, aún tiene un significado social y cultural para la sociedad. Hemos de entender la poesía como un conocimiento no instrumental, una reflexión sobre lo que es la persona, sobre el sentido de la vida, el significado de nuestros actos, etc."
José Luis Rodríguez García
Antonio Huerta
Ricardo Moreno con Batania
Angélica Tanarro
Laura Fraile
Itziar Mínguez
Karmelo Iribarren
La primera cita tendrá lugar este viernes 25 de abril, fecha en la que el poeta y catedrático de la Universidad de Zaragoza José Luis Rodríguez García impartirá una conferencia llamada `Para qué poesía en tiempos sombríos´ que comenzará a las 11:15 horas de la mañana en el Salón de Grados. A continuación, a partir de las 12:30 horas, se celebrará una mesa redonda sobre edición y crítica poética en la que participarán los editores Antonio Huerta (Origami) y Ricardo Moreno (Lupercalia) así como las periodistas Angélica Tanarro (El Norte de Castilla) y Laura Fraile (últimoCero). Ese mismo día, aunque ya por la tarde, habrá una nueva mesa redonda sobre `Lo cotidiano en la poesía´ que reunirá a partir de las 17 horas a los poetas Itziar Mínguez y Karmelo C. Iribarren.
martes, 15 de abril de 2014
Marta Sanz nos habló de su trayectoria narrativa
El pasado viernes, y presentada por Javier Dámaso, profesor de Derecho Internacional de nuestra universidad, la escritora Marta Sanz habló de su obra literaria. Su novela Daniela Astor y la caja negra es lo último que tiene en narrativa, pero nos recitó también versos de sus poemarios, tales como Perra mentirosa/Hardcore y Vintage, obra poética en la que, por cierto, se ha iniciado tardíamente pero no sin fuerza y contundencia. Marta Sanz ya había escrito antes las novelas El frío, Lenguas muertas, Los mejores tiempos, Animales domésticos, Susana y los viejos y Lección de anatomía.
De su novela Daniela Astor y la caja negra ya leímos en El País:
"Retrato de época y novela de iniciación, más etiquetas, Daniela Astor y la caja negra surgió del interés de su autora por la estrecha relación entre la realidad y sus representaciones, algo apuntado ya en La lección de anatomía (RBA), el particular ejercicio autobiográfico que publicó en 2008. 'Yo no creo en la esencia de las mujeres. El género es una construcción cultural. Qué es una mujer y qué se supone que es se construye a partir de retazos de una cultura tergiversada que nos pone en desventaja', explica la novelista en su casa del barrio madrileño de Malasaña mientras una gata que ha recogido de la calle merodea desconfiada.'“Quería ver cómo aquellas imágenes de la transición servían para construir a esas mujeres, cómo todo ese imaginario hace que seas feliz o infeliz según te adaptes o no al modelo. Y con todas sus contradicciones, porque Catalina asume gustosa estereotipos femeninos que son absolutamente machistas'.
Marta Sanz, que recuerda su propia fascinación adolescente por las revistas del corazón —'las leía en la peluquería porque en casa las tenía prohibidas'—, insiste en una idea capital para alguien que trabaja con la imaginación: no hay nada más conectado con la realidad que la fantasía: 'La dicotomía entre una y otra es falsa. La realidad se construye a partir de su representación. Yo tenía la pretensión de escribir una novela feminista y, más que de una tesis, tuve que partir de preguntas que yo misma no tengo resueltas, hacer autocrítica. Me interesaba reflexionar sobre cómo asumimos un discurso que nos hace daño'.
Esperamos en breve disponer de otra aportación crítica de Javier Dámaso. Las fotografías adjuntas son de Ricardo Fernández Otazo.
viernes, 11 de abril de 2014
Diario de una tristeza, de Manuel González
Presentado por Yolanda Izard, ayer jueves por la tarde compartimos la presentación de Diario de una tristeza, último libro de poemas de Manuel González. La presentadora nos ha pasado amablemente el texto que leyó para dar a conocer el poemario de González.
Yolanda Izard
Buenas tardes, queridos amigos,
bienvenidos a este espacio de encuentro con la poesía y muchas gracias por
acompañarnos. Voy a intentar ser breve pero al mismo tiempo no dejarme nada en
el tintero sobre este libro de poemas, “Diario de una tristeza”, que contiene
una buena cantidad de sustancia, y por tanto seguiré la máxima de Juan Ramón Jiménez:
la suprema moralidad de la brevedad. Manuel González ya recibió su bautismo de
poeta impreso con su poemario “Eslabón roto”, que presentó el año pasado en la
Casa Zorrilla, pero no se agota el poeta en una sola visión, que diría Aníbal
Núñez, y tenía mucho todavía que decir, como lo demuestra con este segundo
poemario, publicado por la editorial Origami. Manuel González, aclararé a
quienes no lo conozcáis, aunque procede de San Sebastián, lleva viviendo entre
nosotros desde los dieciséis años y es licenciado en Filología Hispánica, pero
sobre todo es poeta en el sentido más amplio del término. Yo al menos, aunque
no lo conozca demasiado, lo veo así: un poeta entregado a su oficio con una
pasión y una incondicionalidad solo dignas de aquellos que llevan la escritura
en su sangre y en su corazón.
¿Por qué diario de una tristeza?
Todos sabemos lo que es un diario, qué nos arranca del silencio para hacernos
palabra, y todos sabemos lo que es la tristeza, qué condiciones tiene que
soportar el hombre para adquirir la conciencia de que no es posible separarnos
de la melancolía o la pesadumbre, qué sueños se nos habrán de romper por el
camino de la vida, y cuánto daño hemos de soportar. A veces la tristeza no es
sino una sencilla protesta contra el desamparo. A veces la tristeza no es sino
una modesta toma de posición contra la injusticia del mundo. Contra la falta de
cordura, de amor, de comprensión, de compasión. Pero a veces también, como
veremos en este poemario, la tristeza es el punto de partida del ser que no se
conforma con los desatinos terrestres y que busca en sí mismo y en lo otro, en
el gran Ello del mundo, la liquidación del transitorio estar y su sustitución
por el ser verdadero. Decir todo esto con palabras es todo cuanto puede hacer
un poeta, pero qué importante es su labor. Los sentimientos, las emociones, una
vez vividas, pasan y se desvanecen, pero las palabras, si son el reflejo
verdadero de esas emociones, abren la conciencia y, como en un espejo,
multiplican la sensación de verdad, no solo en el poeta, sino en el propio
lector. Y además perduran.
La conciencia de ser hombre sobre
esta tierra no sería la misma sin los poetas. NI siquiera los científicos son
capaces de ofrecernos tanta información sobre lo que habita y late en nuestro
interior, lo que en nuestras entrañas se gesta. Cuando un poeta como Manuel
dice: “El amor, cuando llega, / lo hace a través de lágrimas de ceniza, / luego
deja máscaras en la almohada” no está hablando solo del amor, ni de la ceniza
en que se convierte su ausencia, ni de cuántas caras puede mostrarnos, además
está hablando de cada uno de nosotros, de nuestros sueños perseguidos y
malogrados, de nuestra incapacidad para sostenerlos. Está hablando de una
tristeza esencial que tiene que ver con el simple hecho de estar vivo, de algo
cuya explicación se nos escapará siempre pero cuyo reflejo, aunque huidizo,
podremos leer en versos como estos de Manuel. El poema abre el duro caparazón de
la realidad y muestra lo oculto, lo invisible, lo inasible.
Escribir un diario también puede
ser un desahogo. El diario además puede
tener una función descubridora ya que es el depositario de esas emergencias del
subconsciente que solo brotan cuando somos capaces de suspender parte de
nuestra lógica. Por tanto, no puede haber mejor forma de acercarse al diario en
cuanto vehículo de conocimiento de uno
mismo que la poesía, que es la gran aliada del subconsciente, pues funciona más
que con lo racional, con la intuición, que es la que da sabiduría a nuestro
corazón.
Manuel González y su Diario
pactan con las estaciones la entrega de su vida íntima presidida por una
tristeza que tiene mucho que ver con un preguntarse sobre la propia identidad y
sobre el desencuentro amoroso. La división del poemario en cuatro partes
correspondientes a cada una de las estaciones, comienza en este libro con el
invierno, que, paradójicamente, en el mundo de los topoi literarios representa
el final, el punto de llegada sin más posibilidad de regreso. Pero aquí Manuel
invierte los esquemas y nos muestra el invierno, la desolación del desamor,
como un punto de inflexión necesario para construir sobre las cenizas, sobre sus
escombros, sobre el naufragio afectivo, los paramentos de una regeneración.
Porque, no sé si lo he dicho, este es un libro de desamor que se va
convirtiendo progresivamente en un libro de amor. Es más, este es un libro de
desamor y de amor que se va convirtiendo paulatinamente en un libro de búsqueda
espiritual que se resuelve en el hallazgo del otro, a través de la comunión con
el mundo.
Nadie dice el amor de la misma
manera. Manuel lo dice en voz baja, como su ángel de la guarda, lo dice con
humildad, sin grandilocuencia ni aspavientos. Tiene una emoción y trata de
expresarla con una escritura cercana y sencilla, quizá por eso mismo cuando
llegan sus metáforas, sus prosopopeyas, estas brillan y casi resplandecen. Y
todas ellas se sustentan de tres elementos temáticos: el amor o el desamor, la tristeza y la
meditación sobre lo que sea ser hombre; y de un correlato poético: lo inanimado
como trasunto de su sentir. Desde el primer poema de la primera parte,
Invierno, se nos muestra este deseo del amor en toda su plenitud:
“Como el tacto de gotas de lluvia
/ dormidas sobre una flor / tuve el sueño de ser parte de ti.”
El invierno de Manuel tiene sed
de un amor que parece escapársele siempre. Hay fechas explícitas, 11 de
febrero, que es como se titula uno de sus poemas, y temas diversos que siempre
remiten y desembocan en el cuerpo de la amada, visto como un paisaje de heridas
que el poeta prefiere olvidar: p. 8: “Prefiero cerrar el mapa / y no tropezarme
con tu recuerdo.” El otoño es aún la estación del amor triste, de un amor que
no acaba de vivirse en los pronombres, como diría Salinas, porque su sentir
nace ya lleno de pesadumbre y por eso sus poemas se ciernen en metáforas y
personificaciones, caen llenando los versos de objetos y realidades que son el
trasunto poético de su desolación, como esas manos, por ejemplo, que caen con
la misma tristeza de las hojas de otoño.
Es el invierno, es el otoño que
habitan entre el deseo y la inquietud vital, la frustración y el vacío desesperanzado
y que tiene su indiscutible alianza con la tristeza que preside estas dos
primeras partes del libro. ¿Qué hay detrás de esa tristeza que se proclama
inseparable de la existencia? Hay una “llama exhausta”. Un “jardín de rosas
negras”, “Una casa en ruinas”. Hay “un hombre que duerme rodeado de escombros”,
un hombre que “no se reconoce en el espejo, que es la imagen del hombre
partido”. Hay “el espacio feroz de la noche y su lenguaje cruel ante el
espejo”. Y hay sobre todo una soledad que lo envuelve con un helado manto de emociones
que tienen que ver con el desarraigo: La sensación de ser un extraño en la
propia tierra. La de vivir una vida a la que le han robado su misterio. La de
ser el último fantasma cosido al viento.
Es una soledad tan vívida, tan
intensa, que ni siquiera puede matizarla la comunicación amorosa; es más, del
propio cuerpo, ensamblado a la palabra, nace esta soledad, como tan bien lo
expresa Manuel en estos versos: “Llegada la noche, / bebí de tus pecados / con el ansia del hombre
moribundo, / y vi la soledad cómo brotaba / de tu palabra desnuda.” ¿No hay
remedio contra la soledad? No en estas dos partes, que tientan el nihilismo,
que desconfían incluso de la capacidad del amor para someterla: “Amarla fue
abrazar la soledad. / Las palabras se desprendían amarillas, / escondieron los
caminos de vuelta”. P. 26
Pero el poeta sabe que de la
sombra puede nacer la luz, que de los escombros alzarse una nueva vida y
regenerarse, como el ave Fénix de su poema: “Fue necesario decirte adiós / para
quemarme. / Mi verbo necesitó luz, / pronombres personales, / beber de
hortensias azules.” Y aunque estemos escindidos, aunque, como él tan bien
expresa, “La mano derecha escribe versos de acero” y “la izquierda concluye con
violetas.” (p. 19) Manuel sabe también que desde nuestra identidad
contradictoria, desde nuestra doble y a veces irreconciliable naturaleza, puede
emerger aquel que se alce sobre el desamor, sobre el desarraigo, sobre la
soledad, sobre la falta de comunicación con el mundo y con la amada, y ello
gracias al amor. Sí, Manuel nos dibuja una verdadera resucitación sobre el nihilismo,
la que permite que el desencanto anterior se traduzca ahora en una cita
prometedora de Mihai Beniuc, que es la que abre la tercera parte, Verano: Igual que en el mes de agosto, / lloraré estrellas a montones.
“Déjame entrar”, dice Manuel. “Lo
haré a través de tus ojos”. Y efectivamente, Manuel comienza a mirar aquí de
otro forma el mundo. Mira y define la felicidad. Mira y define los tópicos
culturales. Mira y vuela con los pájaros, los hijos del aire, ángeles de gesto
rápido / que sacian su sed / con lágrimas del viento. Se mira, sobre todo, a sí
mismo, desde ópticas distintas y quiere dejar de ser alguien lejano, alguien
que aprenda a vivir sin temor a la belleza. Es ya ese otro que se plantea preguntas
relativas a su naufragio, pues sabe que las preguntas son el inicio, que de las
preguntas bebe el conocimiento. De esta forma surge el hombre nuevo, el que
madura y tantea las infinitas posibilidades de la redención.
¿Y quién puede ser ese alguien
nuevo sino el que se ama a sí mismo y es por tanto capaz de amar? La primavera,
última parte del recorrido vital del poeta,
viene presidida por estos versos de Benedetti: “Qué buen insomnio / si
me desvelo sobre tu cuerpo”. El camino espiritual de la búsqueda de uno mismo
en el otro está llegando a su fin. Desamor, soledad, desarraigo han girado
inexorables sobre versos sostenidos por una atmósfera de vacío, que ahora se abre
a otro mundo de plenitud y significación. Se reconstruye la identidad
desbaratada desde la hoguera, las llamas y la ceniza para amanecer convertido
en un hombre nuevo. “Quiero ser árbol, sendero”, dice en un poema. Todas las
personificaciones en que sostuvo su identidad en las partes anteriores se
convierten ahora en parte de un recorrido de plenitud, en el que la comunión
con la naturaleza es esencial. Ahora sabemos que este libro trata también de un
recorrido espiritual que, como en los ascetas, parte de la destrucción para
hallar la luz. Por eso el poeta dice: Búscame en el lenguaje secreto de los
pájaros o “en el mercado comprando algo de aliento”. Porque, “si unimos manos
en un mismo pálpito”, llegará el tiempo de poner nombres a las cosas.
Sí, la primera y última función
del poeta es la de nominar, la de poner nombre a nuestros sentimientos de vacío
o de deseo, la de ir fijando con las palabras las claves de nuestra andadura
por la tierra, la de preservarnos en ellas, porque ellas son lo que somos,
porque somos lo que ellas nos dicen. Hablar
del desamor y entenderlo ha sido posible con las palabras de Manuel, y asimismo
hablar del encuentro con el amor y entenderlo. Entenderlo a través de versos como estos de Manuel: “A
tu vientre llegan golondrinas, / y se quedan, / y anidan metáforas alrededor de
tu cintura, / y la luz se hace humana / y el sueño un hecho posible / detrás del
silencio.
O de estos otros, de absoluta
comunión con ese mundo que, como dijo Jorge Guillén, a pesar de todo está bien
hecho, y con los que acabo:
"Termina mi búsqueda.
Respiro el mar,
doy gracias,
el universo me ha prestado sus ojos.
Contigo acaba y empieza todo.
Es propicio el tiempo.
Vamos a vivirnos."
.
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