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jueves, 9 de marzo de 2017

Ana Pérez Cañamares, de regreso




Mañana viernes 10 de Marzo, a las 20,00 en nuestra librería y a las 22,00 en el Café Teatro Zorrilla se presentará el poemario De regreso a nosotros, de Ana Pérez Cañamares. Ha sido editado por Ya lo dijo Casimiro Parker.



Un poema de ese Regreso...


Estabas allí esperándome
con una herida tan ancha
que parecía una risa

me deslumbraba tu grieta
bajo el maquillaje mi llaga
se retorcía como cauce seco

no digo que no mintiéramos
ni que no hubiera disfraces

pero la cicatriz nos la mostramos
como el pasaporte en una frontera.




lunes, 26 de enero de 2015

Y Ana Pérez Cañamares estuvo aquí




El viernes tuvo lugar la presentación del último libro de Ana Pérez Cañamares Economía de guerra. Fue presentada por Jorge M. Molinero, que nos facilita el texto que preparó para el evento:

"No son molinos, Sancho, son gigantes. Nos han estado engañando todo este tiempo, sí, eran gigantes, son gigantes. Y los poetas tenemos obligación de decirlo, denunciarlo y gritarlo. Esto es lo que ha hecho Ana en Economía de guerra, un poema-río social que en su primer poema la poeta da las claves para intuirlo: 

POÉTICA Y POLÍTICA: Escribo sobre mí porque yo soy cualquiera. Una contradicción aparente, escribe sobre ella misma, pero es su poemario menos intimista, más alejado de la emoción, del temblor, de la piel erizada...porque es cualquiera, y eso le da derecho a contarnos desde ella misma; el prisma, las gafas de color empiezan por nosotros y a Cañamares le sobra para pintar una generación, una sociedad abúlica con sus miedos y esperanzas. 



Los poemas siguen y repito pues es, para mí, la mayor confluencia en la poética de Ana y una de sus mayores virtudes, por lo que guarda de honestidad y desnudez, la contradicción interior de la persona: el cansancio vs. el grito; complejo de culpa vs. rabia y denuncia. El miedo frente a la esperanza, repito, el miedo que se pierde al reconocerlo no sin vergüenza a veces es otro de los temas recurrentes en Ana que se potencia en este Economía de Guerra. 

Sí, porque es una guerra. “Cuando hay muertos, es una guerra”. 

Tiene diferentes partes, todas ellas encabezadas con párrafos de Piloto de guerra, de Antoine de Saint Exúpery, en las cuales vemos reflejos de la poeta no como tal, sino como mujer, persona o más bien, me atrevo a decir, habitante. 

Partes más introspectivas pero vistas con más distancia de lo habitual; su oasis particular, mejor trinchera de gatas, patios, flores y mirlos. 

Vistas atrás cuando las ganas eran muchas y los medios menores, su rebeldía inservible para el mundo, el barro, el optimismo que cada vez se torna más en realidad. 

Un libro redondo, difícil por la temática y por lo que venía detrás. No me gusta comparar los trabajos si son mejores o peores que los anteriores, me importa que sean distintos, que abran nuevas vías poéticas sin perder la voz. Y Ana lo ha vuelto a conseguir. Dije de este libro: ya he leído el poemario, se me antoja necesario. En los anteriores muchos poemas me rompían, "he tirado libros al suelo ante tanta belleza" o algo así leí hace poco, y en éste apenas me ha pasado, pero entre líneas me venía un desasosiego que no sé explicar y en la relectura observo los huesos dañados que pasan desapercibidos al principio. Creo que eso es muy bueno, las canciones con estribillo pegadizo, pasan peor el tiempo que otras a las que cuesta hincar el diente de primeras. Este poemario requiere reposo, fumarse un cigarro releyendo un poema diez veces antes de seguir: nadie grita tan bajo como tú.







miércoles, 21 de enero de 2015

Ana Pérez Cañamares presenta su Economía de guerra




Ana Pérez Cañamares presentará en la librería el viernes 23, a las ocho de la tarde, su libro de poemas Economía de guerra. Está editado por Ediciones Lupercalia.

Inma Luna dice en La República cultural.es:

"...También se ha publicado en 2014 el libro de Ana Pérez Cañamares Economía de guerra, su quinto poemario, que ha visto la luz con la editorial Lupercalia. Se trata quizá del proyecto más claramente combativo de una autora que siempre se ha asomado a la poesía social y que esta vez hace de ella su argumento de manera más evidente. En diálogo con algunas citas de Antoine de Saint-Exupéry pertenecientes a su libro Piloto de guerra, Cañamares pone en verso sus principios anticapitalistas y lo hace de manera íntima y colectiva ya que el poemario surge principalmente de su experiencia en la Asamblea Popular de barrio en la que participó con el movimiento del 15M. El insomnio, las indigestiones, la indignación y el cansancio se dan la mano con la solidaridad y la denuncia en los poemas de Ana y también la belleza, esa belleza que ella siempre persigue y que utiliza como tabla de salvación, no sólo propia sino del ser humano. Economía de guerra es un paso más en la consolidación de esta poeta que ya se ha convertido en una de las más reconocibles del panorama actual en nuestro país."




Adjuntamos un poema de A la manera de los ángeles malos, una de las partes de Economía de guerra:


No creo en ningún dios
pero de ángeles voy sobrada:
a uno lo parí; otro me visita
cuando no puede estar solo
y por la sonrisa de los extraños
conozco que los ángeles
cambian de sexo y de oficio
no descansan sábados ni agostos
duermen junto a los cachorros
atrapados en motores de coche
dibujan líneas rectas
para guiar a los borrachos
y santifican los pies
de los no creyentes.
A la retransmisión del infierno
le bajan el sonido
para regalarnos cielos posibles.


Ana Pérez Cañamares (1968) nació en Santa Cruz de Tenerife y vive en Madrid. Ha participado en numerosas antologías de relato y poesía. Entre otras: Por favor sea breve; Beatitud. Visiones de la Beat Generation; Resaca/Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski; 23 Pandoras. Poesía alternativa española; La manera de recogerse el pelo. Generación Bloguer y Tiros libres. Relatos de baloncesto. Ha publicado los siguientes libros: La alambrada de mi boca, En días idénticos a nubes, Alfabeto de cicatrices, Entre paréntesis (casi cien haikus) y Las sumas y los restos (V Premio de Poesía Blas de Otero-Villa de Bilbao 2012). Algunos de sus poemas han sido traducidos al griego, portugués, inglés, croata y polaco.


lunes, 26 de mayo de 2014

El doble recital de Ana y Pablo




El viernes tuvo lugar la lectura de diversos poemas de las obra de Ana Pérez Cañamares y de Pablo Otero. Ana nos pasa el siguiente texto titulado


LA ACCIÓN POÉTICA



Acción y poesía son dos palabras que, en un principio, pueden resultar contradictorias. Parece que la poesía fuera sobre todo un estado estático, receptivo, como tumbarse y absorber los rayos del sol.

Es cierto que la “acción” de leer y escribir versos comienza con una disposición del ánimo. Una atención especial de los sentidos y la mente. Una entrega a los que los objetos, los seres, las palabras tengan que decirnos. Una apertura receptora que implica parar, dejar a un lado la rutina, y que de primeras no evoca nada que suponga una acción, un movimiento.

El poema puede surgir de una revelación aguda y repentina -como una flecha que vemos venir y no evitamos- o de un conocimiento hilvanado y profundo, hecho de tiempo, desarrollo y esfuerzo, como si buceáramos hasta el fondo de nosotros mismos en persecución de una idea.

Os daréis cuenta de que las metáforas conllevan ya cierto movimiento. La trayectoria de la fecha, las brazadas hasta el fondo... En el poema hay que ganarle a la pereza, la prisa, la costumbre, y atrevernos a cuestionar lo que damos por hecho. Tenemos que ser más listos que nosotros mismos y darle lo mejor que tenemos. Y eso supone siempre dejar entrar una revelación que viene de fuera propiciada por algún hecho o percepción, abandonar la superficie en la que normalmente vivimos. Ir a la búsqueda interior de eso que nos hace más humanos, y por tanto, más iguales a nuestros semejantes, más allá de nuestras particularidades o apariencias externas.

El espíritu, o la conciencia, en fin, ese lugar al que va dirigida la poesía, sufre una sacudida, un temblor que lo saca de su comodidad. La poesía es contemplación, sí, pero no estática. Una esquirla  de la realidad ha atravesado al poeta, este traduce el impacto al papel, que lo guarda latente hasta que un lector decide frenar la trayectoria poniéndose a sí mismo delante. La poesía no existe sin que se complete ese recorrido. Siempre necesita de un cuerpo vivo en el que alojarse. Y no sólo uno. Necesita inocular su virus sucesivamente en distintos cuerpos.

Dice José Agustín Goytisolo que “poeta no es el que siente o se conmueve; poeta es el que hace sentir o conmoverse a los demás”. En una primera instancia, el poeta necesita la soledad, pero no se basta solo. Es un pregonero que busca el acontecimiento, pero la noticia no es tal hasta que no sale de su boca. Se hace valedor de un secreto, pero luego el secreto le pesa y tiene que ponerle alas y echarlo a volar. Y las palabras son el método científico que le sirve para poner a prueba sus intuiciones, para ver si pueden erigirse en fórmulas que sean válidas para otros.

La poesía, así entendida, es una responsabilidad. Es entrar en contacto con una lucidez que sólo se entiende si pertenece no solo a uno, sino a una comunidad. El poeta, tanto como el lector, acuden a su fuente como una cura para su necesidad de verdad, consuelo, comprensión o compañía.

Cada uno accede a este manantial a su manera: hay poetas que abren los ojos y se inundan de luz, y los hay que los cierran y trabajan tanteando en la oscuridad. Como hay lectores que necesitan de silencio y soledad para entregarse a esa pausa de las distracciones del ego, esa cita de almas que es la lectura; a otros les resulta más fácil si participan del rito de la comunión, en un recital de poesía. Últimamente, parece que la poesía está saliendo de la cama y del sillón a lugares más abiertos. Hemos asistido a recitales en plazas, parques, bares, bibliotecas, al terminar una asamblea o una manifestación. Creo que esto se debe a la naturaleza de los tiempos que vivimos. Hemos creído – nos han hecho creer- que nos bastábamos solos, y ahora comprobamos cuánto necesitamos volver a replantearnos todo y regresar a los orígenes -como dice la poeta Szymborska “no hay preguntas más apremiantes/que las preguntas ingenuas”. Y tenemos que hacérnoslas juntos, alimentando la inteligencia colectiva, volviendo a esa palabra que teníamos olvidada y que la poesía rescata y pronuncia implícitamente una y otra vez: “nosotros”.

En cualquier caso, ya sea la lectura una experiencia solitaria o colectiva, ¿qué le está pidiendo el lector al poema? No salir inmune de la experiencia. Hay una frase en la película Leolo que recuerdo a menudo: “Sólo le pido a un libro que me recuerde la urgencia de actuar”. Pero un sujeto que actúa tiene que haber experimentado primero un cambio interior; sin ese cambio, acabará por repetir los mismos actos de siempre. Algo dentro de él, en sus convicciones, en sus prejuicios, en su manera de ver y enfrentarse al mundo, tiene que haberse roto, desmoronado, abierto, para dejar paso a algo nuevo; quizá no radicalmente nuevo, pero sí lo suficiente como para no haberlo reconocido hasta el momento en que las palabras lo nombran. La poesía atraviesa lo tópico, lo aprendido de memoria, para llegar a lo esencial, lo que no habíamos visto o no habíamos podido reconocer. Y algo en ese lugar no físico, cambia, se desplaza. Sin este cambio previo, los actos serán pantomima efímera e hipócrita. Pero si ese movimiento se produce, las acciones sobre el mundo en las que se traduzca serán honestas y podrán dar fruto.

La poesía tiene la llave para operar esos cambios, porque el lenguaje tiene una fuerza que no tienen otros vehículos transmisores. Las palabras dichas con ritmo y con belleza se dirigen a la intuición, a la emoción, a la razón. Nos sacuden enteros. Y cualquier cosa que las palabras nos empujen a pensar, a vivir, a sentir, será una acción poética. Creación en estado puro. Como querían los griegos para la palabra poiesis. Platón la definía como “la causa que convierte cualquier cosa que consideremos de no-ser a ser”. Según él, hay un movimiento que se da en el alma mediante el cultivo de la virtud y el conocimiento”. Heidegger explica la poiesis como “el florecer de la flor, el salir de una mariposa de su capullo, la caída de una cascada”.

El poeta John Berger dice que “cuando una persona se ve afectada por lo que ha visto, ha escuchado, ha leído, deja de ser la que ha sido, puede actuar de manera diferente”.

Creo haber explicado con todo esto que para mí la poesía es sobre todo un movimiento del interior más profundo, más desnudo, aquel lugar en el que es difícil mentirnos -porque ¿para qué?, si la poesía es quizá el aprendizaje de no mentirse a uno mismo- hacia los brazos de los otros. Sin este baile de dos pasos, la poesía no está completa. Sumando uno y otro paso, la poesía nos empuja hacia los demás y desdibuja nuestros límites. Un poeta desconocido toca nuestra alma y gracias a su caricia, podemos ser más generosos, más flexibles, más abiertos a nosotros y al que tenemos lado.

Nosotros. Esta es la palabra que me gustaría que se escuchara tácitamente al final de cada uno de mis versos.









jueves, 22 de mayo de 2014

Ana Pérez Cañamares y Pablo Otero, recital a dos bandas




Mañana viernes 23, a las 8 de la tarde, recital a dos bandas de Ana Pérez Cañamares y Pablo Otero en la librería A pie de Página. Os esperamos.



domingo, 2 de febrero de 2014

Ana Pérez Cañamares y sus sumas y restos





El viernes 31 de enero había demasiadas cosas en Valladolid, desde un congreso de señores de guante cada vez menos blanco a un tren pidiendo justicia al ministro del antónimo, dando voz a la dignidad. Y hablando de dignidad, Ana Pérez Cañamares, poeta universal afincada en la prisa de Madrid, presentaba su poemario La sumas y los restos, ganador del premio Blas de Otero de poesía y editado por Devenir. 

Tuvo lugar en la librería A pie de página, lugar de referencia, no ya local, sino nacional por el excelente trato que se da a la palabra y a la voz de los poetas. Había una gran expectación por escuchar a Ana, que causó una excelente impresión ya en 2013 a su paso por `Susurros a pleno pulmón´ en el Bar La Curva y todos tenían hambre de volver a sentir y muchos de emocionarse en piel y hueso por vez primera por los versos de la canaria. 

Comenzó el acto el editor, Juan Pastor,  y habló de la poesía como utopía y no como negocio en estos tiempos. Mencionó cómo dignificar los premios literarios, siempre con la duda detrás del fraude, especialmente si la editorial Visor y sus bad boys andan de lleno. Este premio no está señalado, el jurado no lo elige el editor. Terminó mencionando que Ana hace la poesía que hoy se necesita, acertada visión que comparto. La poesía frente al poder, sea cual sea. 

Después intervino la poeta Belén Artuñedo. Confieso que no me gustan las presentaciones largas, creo que es la autora en este caso quien mejor debe defender su libro y a veces se peca de extensión larga y por general aburrida de la disección de lo que vamos a escuchar. La poesía es sentimiento, no necesita tanta explicación. Pero claro, si quien lo hace es Belén, poeta elegante que irradia una luz especial, difícil de encontrar habitualmente entre la gente y con una voz que teje con hilo de oro las palabras, no es perdonable sino de agradecer. 

Ana Pérez Cañamares empezó emocionada con el primer poema del libro: 

Despierta cada día con orgullo
por haberte traído hasta aquí.
Pero para viajar más allá del espejo
arrepiéntete. Arrepiéntete.

Antes de salir al mundo, levanta
un memorial a los ahogados.
Sus cuerpos son los escalones

que te llevan hasta la calle.

En las presentaciones se forma un pequeño dilema de qué hacer, si aplaudir cada poema o sólo al final para no romper la magia del momento. Ana es la poeta de la emoción, deja la piel de gallina constantemente y el público (¿quién dice que somos fríos los vallisoletanos?), animados por la libertad que siempre ejerce Casilda García Archilla, decidimos aplaudir cuando al corazón le viniese en gana. Y fueron constantes y calurosas las interrupciones laudatorias entre poemas, con Los platos de mi madre, o el poema que habla de su "otra hermana" como puntos álgidos. La última parte del poemario, Tesoros, en el que la Cañamares se desnuda en su relación con sus padres creó un agujero espacio-temporal mágico de sentimientos y lágrimas ya insostenibles entre el público. 

Al segundo poema dejé de tomar notas, me daba la impresión de estar perdiéndome algo grande. Los viajes no se fotografían, se viven. Y aún hoy el recuerdo es confuso, con la resaca amable de su voz golpeando el cerebro. 

Ana Pérez Cañamares, en su tercer poemario (cuarto libro contando el de relatos llamado Días idénticos a las nubes) llega a una cumbre inalcanzable para la mayoría, aunque a buen seguro no a su techo, pues no existe, y prueba de ello será su próxima publicación, Economía de guerra que Mayo espera ansioso. 

Ana viste sus poemas sólo con la belleza necesaria, que es toda, y tergiversa el tallo de la rosa convirtiéndolo en pétalo que, inevitablemente, te va a pinchar con una leve herida externa que no cura bajo la dermis. 


Jorge M. Molinero.


Presentación a cargo de Belén Artuñedo



Transcribimos la introducción al acto por parte de la poeta Belén Artuñedo. No es mala cosa que una poeta lleve o siga a otra poeta, y enlazar así con el público que ansía las palabras.

Buenas tardes, me corresponde introducir hoy la lectura que Ana Pérez Cañamares va a ofrecernos de su libro Las sumas y los restos, que obtuvo el V Premio de poesía Blas de Otero Villa de Bilbao 2012 y le agradezco a Ana la oportunidad que me ha dado de acompañarla en esta invitación a la lectura de su libro; también su confianza en que yo dibuje un itinerario de lectura personal, que es lo que puedo hacer: comentaros los hitos que, en mi manera de hacer míos sus poemas, han marcado la conmoción que su mirada sobre las cosas y su voz me despiertan.

El libro se abre con una cita de Adrienne Rich que nos despliega el título del libro sobre la mesa y nos ofrece un horizonte de lectura perfilado entre la arqueología y la navegación: “Vine a explorar el naufragio” elige Ana como marco del inicio del viaje; y el naufragio nos remite a la pérdida y al hallazgo, al destello sepultado por el tiempo que la voluntad y el convencimiento de la delicadeza de la búsqueda y el valor de las cosas pequeñas consiguen al cabo revelar: el tesoro que permanece, las alas que la madre quiso ver crecer en la espalda de su hija.

Porque los poemas que abren y cierran el libro son ambos una exhortación que dibuja el punto de partida de la singladura propuesta por la poeta y la orilla a la que se arriba: antes de la salida a la mar “arrepiéntete” y “levanta un memorial a los ahogados”, nos apremia el poema, condiciones previas a la búsqueda, a la escritura: despojarse y saber de dónde venimos, es decir, honestidad y lealtad para una mirada limpia, con las palabras, en el poema. Y en el epílogo, ya con todo el camino recorrido dentro, tras la poda de la indagación sin complacencia, una voz íntima con vocación de pancarta libertaria: “defiende tus alas”, nos lanza el poema. Y es lo que Ana hace a lo largo de este libro: no sólo defender sus alas, sino defender las nuestras. O más bien, prevenirnos, zarandearnos, llamarnos a la revolución extendiendo ante nuestros ojos los mapas de los desheredados, porque (y cito a Adrienne Rich): “Estos son los suburbios del consentimiento” (Atlas del mundo difícil). Nuestro silencio es suburbio, nuestra inacción sólo nos vuelve perdedores, no nos protege de nada, sólo nos hunde en la gran falacia de pensar que el tiempo pone las cosas en su sitio. Surge así en el poema una misión ineludible: “Hablar, para que los caídos sigan teniendo voz en mi locura”.

La cita que Ana elige para iniciar su cuaderno de bitácora, sus poemas reunidos e imantados por los cuatro puntos cardinales (Norte, Sur, Este, Oeste) una rosa de los vientos con su daño y su belleza, se lee casi como una consigna; es una cita de Frank O’Hara que nos reta: “En tiempos de crisis, debemos todos decidir una y otra vez a quién amamos”. Tenemos que elegir aliados, elegir bando y abandonar los porcentajes del dolor ajeno para hundir las manos en nuestra propia vida y saber qué estamos disfrutando y a quién se lo debemos.

Pero esta insurrección en el poema se proclama desde el lenguaje de la delicadeza, desde la fragilidad de nuestras buenas intenciones, algo que resurge en los poemas de Ana, cuando en un libro anterior ya escribía: “Tú pones la comida / para los gatos callejeros / pero no sabes si son las ratas / las que dejan el plato vacío”. Esta malversación de las buenas intenciones que nos deja la boca tan seca, de pura tristeza.

El poema dice la rebelión íntima con palabras de la ternura cotidiana, de la observación en soledad de un perro maltratado, de la gente mayor que sale en zapatillas a la calle, de la primavera al otro lado de la ventana, de los arañazos de una gata. Y en una percepción del tiempo y el espacio que nada tiene que ver con la arenga y la plaza pública, sino con la lentitud de las mañanas de domingo o el tiempo cansado después del trabajo,  y tiene que ver con la casa, el mueble, la ventana, el balcón, la barandilla. Asomarse y asombrarse, nos dice Ana “para nacer a cada instante” en el poema.

Las sumas y los restos  es un libro edificado sobre la memoria, sobre lo que Juan Carlos Mestre define en Ana Pérez Cañamares como “la piedad de la memoria”. Tras ahondar en el error, en la culpa, en el intento fallido, en la pérdida, en el compromiso siempre insuficiente, tras la larga travesía en busca de los restos del naufragio que en el poema suman raíz y se transforman en orgullo de lo que somos, la voz del poeta llega al tesoro. Todo el libro está lleno de imágenes impresionantes que conmocionan pero, la parte final, “Tesoros”, es la que más me ha hecho hundir las manos en mí misma. La memoria de los padres desaparecidos, que no viene sino a encontrar el destello vital en el gran memorial de los desposeídos, es salvación; de nuevo, en una cita que nos despeja el horizonte de llegada a puerto, el poeta elegido (Yehuda Amijai) nos anuncia: “De lo que no volverá a existir, brotan flores”. Cuestionarse la mirada sobre el pasado, volver al “largo y polvoriento camino de la infancia”, dice Ana, convocar una vez más las esperanzas puestas en nosotros a las que no respondimos, a las mentiras de nuestros padres y a las nuestras, seguir necesitando ser hijos aunque las palabras “padre”, “madre” ya no estén en el aire… Los versos más radicales de Ana Pérez Cañamares en este libro, los he encontrado en un poema de “Tesoros”:

Vuestras manos:
Algún día colgarán
De mis brazos

Y de esa inmersión en lo doloroso, en todo ese difícil amor, volver con el pan, la ropa blanca y una conciencia que puede, con dignidad, lanzarnos versos como octavillas:

DEFIENDE TUS ALAS
A LA REVOLUCIÓN POR EL HARTAZGO
LUCHADORES, LLAMADME

Termino con dos citas, una de Adrienne Rich y otra de Adam Zagajewski, poetas citados en el libro, y que me sirven para resumir lo que creo que son los poemas de Las sumas y los restos, poemas para acompañar una vida hasta el final.

De algún modo, tú y yo nos ayudaremos a vivir,
Y en algún lugar nos ayudaremos tú y yo a morir.

Y Adam Zagajewski, en su poema “Habla más suave”, expresa un sentimiento de orfandad común  en el que me siento muy cerca de Ana Pérez Cañamares:

Una ternura inmensa,
como si fuéramos huérfanos de la misma casa
pero siempre apartados los unos de los otros
en las frías cárceles de la actualidad.

Enhorabuena, Ana, por tu libro y por el reconocimiento que ha recibido.

Belén Artuñedo.



Tras Ana, Juan Pastor, editor de Devenir


Acogida de encogida






miércoles, 29 de enero de 2014

Ana Pérez Cañamares nos hablará este viernes de las sumas y los restos




Vuelve Ana Pérez Cañamares a nuestra librería para presentarnos su última hornada de poemas. Las sumas y los restos, V Premio de Poesía Blas de Otero Villa de Bilbao 2012, está editado por Ediciones Devenir/ el otro. Estará acompañada por el editor, Juan Pastor, y será presentada por la también poeta Belén Artuñedo.

Como una rosa de los vientos el libro se basa en los cuatro puntos cardinales para distribuir sus poesías. Los puntos cardinales existen para orientarse en la dirección y mantener el rumbo. ¿El destino? La búsqueda de los tesoros, en este caso. Pero será la autora quien se encargue de clarificarnos la navegación, o la andadura, de quien se sabe entre océano proceloso, tierra fértil o desierto para ejercitarse y tener éxito en su búsqueda. Como cuenta Ana a Laura Fraile en una entrevista en Último cero, "esta obra es un mapeo que habla de dónde estaba en el momento en el que lo escribí y que hace referencia a cuestiones como de dónde vengo, a dónde quiero ir o qué es lo que tengo al lado."

Quedáis invitados, por lo tanto, este VIERNES 31 DE ENERO, a las 20,00 horas, en la Librería de la calle Librería. Seguro que nos lo pasaremos bien sabiendo de muchas sumas y de los inevitables restos.