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martes, 11 de junio de 2019

Homenaje a Claribel Alegría en la Fundación Segundo y Santiago Montes





Claribel Alegría (1924-2018) fue una escritora, poeta, narradora, ensayista y traductora nicaragüense-salvadoreña. Se consideraba a sí misma salvadoreña, ya que transcurrió su niñez en la ciudad de Santa Ana al occidente de El Salvador. A la edad de ocho años, Alegría presenció la masacre de más de treinta mil campesinos e indígenas en El Salvador.  

En 1943 viajó a EE.UU,  donde obtuvo el título en Filosofía y Letras por la Universidad George Washington. Después de residir varios años allí, contrajo matrimonio y viajó por diferentes países, regresando a Nicaragua en 1985 para servir de baluarte en la reconstrucción de su país. 

Alegría es una de las voces más prominentes de la poesía latinoamericana. Está relacionada con la llamada Generación Comprometida, cuyos autores –entre ellos el salvadoreño Roque Dalton– estaban muy influenciados para la realidad centroamericana, una región hundida en la desigualad, el olvido y desangrada por dictaduras y guerras civiles. Aunque Alegría rechaza formar parte de ese grupo, afirmó en una entrevista “Dicen que mi poesía es comprometida, pero no es una poesía comprometida. Lo que pasa es que el sufrimiento de mis pueblos se refleja en mí, porque yo soy ser humano antes de ser poeta y me duele mucho lo que sufren mis pueblos”. 

En 1948, Claribel Alegría publicó su primer libro de poesía, Anillo de Silencio. Es autora de una veintena de libros de poesía y narrativa así como muchos testimonios históricos. Es además traductora de algunos poetas norteamericanos. Discípula de Juan Ramón Jiménez, quien la guió en sus primeros pasos en la poesía, más tarde su compromiso con un cambio social en Centroamérica la llevó a apoyar la lucha revolucionaria del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en Nicaragua. 

En 1978 obtuvo el premio Casa de las Américas por Sobrevivo, y en el año 2000, el Premio de Poesía de Autores Independientes.  De su obra, se destacan además,  "Vigilias", "Umbrales", "Fuga de Canto Grande", "La mujer del río" y su última producción, "Saudade" 





domingo, 5 de mayo de 2019

Los cuadernines de Delhy Tejero en la Fundación Segundo y Santiago Montes







El próximo viernes 10, a las 20.00, tendrá lugar en la Fundación Segundo y Santiago Montes (c/Núñez de Arce, 9) la presentación de Los cuadernines. Diarios 1936-1968, de la pintora Delhy Tejero. Participarán María Dolores Vila Tejero, Javier Vila Herrero, Angélica Tanarro y Jorge Praga.



Tomás Sánchez Santiago presenta los diarios de Delhy Tejero advirtiendo que no nos enfrentamos a una obra literaria concebida como tal, sino a un conjunto de escritos espontáneos y privados que no fueron redactados para su publicación. Es esto precisamente lo que les confiere una gran libertad y son un documento excepcional para conocer la psicología de una mujer que, naciendo en el medio rural de principios del siglo XX, fue artista y viajó sola por el mundo. «Lo único que siento -escribe Delhy en uno de los momentos más conmovedores de sus diarios- es el deseo inmenso de vivir. Esta gana, esta sed insaciable de todo. Que no se me llena. Deseo amar mucho, todo me gusta, tengo muchas ganas de cosas, de todo. (…) Es malo ser mediocre en todo pero serlo en arte es insoportable. (…) Siempre tan desordenada, sin estudio, sin nada, rodando de patrona en patrona, con desconfianza de todo el mundo (…) bastante he conseguido, hay que ver lo que significa poder estar sola en el extranjero».

Bruno Marcos





Delhy Tejero (1904-1968) participó activamente en la renovación artística de la vanguardia madrileña de los años treinta y desarrolló una intensa carrera en las décadas centrales del siglo XX. Fue una creadora que escapó a cualquier encasillamiento. (…) Mientras, sus estilos fueron del realismo al arte abstracto, pasando por otras corrientes de vanguardia como el surrealismo. Esta independencia ─aún más censurable por tratarse de una mujer─ y el hecho de que se prodigara poco en exposiciones y premios debido a un cierto retraimiento de su carácter, han hecho que su obra no tenga el reconocimiento que, sin duda, merece. (…)

La pintora estuvo fuera de España durante casi toda la Guerra Civil. En 1936 viajó a Portugal y Marruecos, donde residió varios meses, y, un año más tarde, se estableció en Italia con el fin de estudiar la técnica mural del fresco. Entre 1938 y 1939 vivió en París. Allí, gracias a su amistad con Remedios Varo y Óscar Domínguez, se aproximó al surrealismo. (…) En 1939 regresó a España y se estableció, de forma definitiva, en Madrid. (…) Durante la posguerra desarrolló una intensa actividad como muralista. En 1948 obtuvo un encargo oficial, al ganar por unanimidad el concurso nacional para hacer la decoración del Salón de Actos del nuevo Ayuntamiento de Zamora. El proyecto, titulado El amanecer jurídico del pueblo zamorano, en consonancia con los valores de la época, exalta el patriotismo y la historia local de la capital castellana. En cambio, su producción en papel: dibujos, tintas y acuarelas presentan un estilo más moderno, en el que son patentes las influencias del surrealismo. (…) La artista castellana, a lo largo de la década de los cincuenta, fue más lejos en la experimentación, aproximándose a la abstracción como medio para alcanzar la esencia y la inocencia. Creó el perlismo, un tipo de pintura matérica que consiste en introducir en el cuadro trozos pulverizados de minerales, sobre todo de marmolina, que le dan una textura granulada. (…) 

A pesar de encontrarse muy enferma, durante sus últimos años de vida siguió trabajando intensamente, pero estuvo bastante apartada del ambiente artístico, alternando la residencia entre Toro y Madrid. Falleció en 1968, con sesenta y cuatro años, víctima de una angina de pecho. (…) Delhy Tejero vivió, después de haber disfrutado de la efervescencia cultural y de los aires de libertad de la Segunda República, la dura experiencia del exilio interior en la España franquista. Además, en su caso, la falta de reconocimiento y el aislamiento que suelen sufrir las mujeres creadoras, se vieron agravados por su timidez, lo que la confinó aún más a los márgenes. (…) 

África Cabanillas Casafranca


domingo, 9 de diciembre de 2018

José Antonio Abella presenta Trampas de niebla en la Fundación Segundo y Santiago Montes





El próximo viernes 14, a las 20.00, presentación de Trampas de niebla de José Antonio Abella, con Angélica Tanarro, en la Fundación Segundo y Santiago Montes. El libro ha sido editado por la editorial cántabra Valnera.






Ha escrito Guillermo Balbona en El Diario Montañés:

"Hay muchas redes al margen de internet y la globalización. Metáforas o símbolos culturales, hilos, redes por ejemplo de niebla, que tejen «la intrahistoria de un territorio mítico e imaginario» donde, como en un espejo roto, se refleja una España en la que «el infierno suele estar en nosotros mismos». Trece relatos articulados entre sí configuran Trampas de niebla, el nuevo libro de José Antonio Abella, título que hace referencia a las redes invisibles para la captura de pequeños pájaros –ya prohibidas– y a las trampas igualmente invisibles que la vida tiende a sus protagonistas. La obra ha sido publicada por Valnera, la editorial cántabra de Jesús Herrán, que ya publicó El hombre pez de este mismo autor, novela que acaba de ser reeditada. 

Una atmósfera de bruma y aislamiento rodea las Tierras Altas de Eliambroz, comarca remota donde la brutalidad, el caciquismo, la ignorancia y la envidia son el pan de cada día. «Los frutos de la Ilustración y de la cultura llegan con dificultad a esas tierras apartadas del mundo, pero no así las heridas del tiempo reflejado en estas páginas: el negocio de la esclavitud, la guerra de la Independencia, las luchas carlistas, la contienda fratricida de 1936, la difícil recuperación de la memoria histórica». 

José Antonio Abella (Burgos, 1956) traza una historia en la que subyace una pregunta: si esta nueva publicación de Valnera Literaria «es una novela o un libro de relatos». En expresión de Tomás Sánchez Santiago, «podríamos decir que nos encontramos ante una novela-de-relatos, pues cada uno de los trece actúa a modo de capítulo, independientes entre sí en cuanto a relatos que permiten una lectura autónoma, pero articulados entre ellos como parte de una historia que se prolonga, amplía su sentido y los da cuerpo de novela». 

Pero al margen de debates sobre su envase, formato, tiempos y espacios narrativos, qué es Trampas de niebla: «Una alegoría de una España pasada pero que no debemos olvidar: Por un lado, como dijo Santayana, quienes olvidan su historia están condenados a repetirla. Por otro, volver la vista atrás y comprobar de dónde hemos partido nos debería reconciliar con el lugar donde ahora estamos». El título de Trampas de niebla, a su vez epígrafe del relato que cierra el libro, hace referencia a las redes invisibles para la captura de pequeños pájaros (por fortuna ya prohibidas como herramientas de caza) y a las trampas igualmente invisibles que la vida tiende a sus protagonistas. 

Abella ha compaginado su trabajo como médico rural con la literatura y la escultura, aunque en la actualidad se dedica por completo a la creación literaria. En 1992 fue publicada su primera novela, Yuda, reeditada en 2006 y en 2014, así como un breve ensayo: La realidad posible (hacia un compromiso del arte). En 2013 vio la luz La sonrisa robada, novela por la que fue galardonado en 2014 con el Premio de la Crítica de Castilla y León. 

El protagonista principal de Trampas de niebla es un territorio remoto y aislado, envuelto en brumas persistentes: esas Tierras Altas de Eliambroz, que no se hallan en los mapas pero a las que, de modo impreciso, cabe imaginar entre la cornisa cantábrica y la meseta castellana. Así al menos podría deducirse por referencias a lugares reales y supuestamente limítrofes que sí se pueden señalar en el mapa: Reinosa, Torrelavega, Barruelo de Santullán, Palencia, Burgos, Bilbao... Un territorio literario en cualquier caso, trasunto de un mundo en el cual –como se dice en la contraportada del libro– «la brutalidad, el caciquismo, la ignorancia y la envidia son el pan de cada día». Una crónica, «terrible y descarnada en algunos relatos, más amable en otros, sobrecogedora siempre». Como subraya el editor, Jesús Herrán, sus páginas son fragmentos de un espejo roto donde se refleja una España en la que «el infierno suele estar en nosotros mismos». 

Sobre la etiqueta de novela histórica, «no son históricos sus personajes principales ni el escenario de sus historias, pero su autor ha procurado ser extremadamente fiel a la atmósfera del tiempo en que transcurren, y rigurosamente históricos son algunos de los personajes secundarios y circunstancias de partida», caso de la ejecución de El Empecinado; José María Mathé, que planeaba un ramal a Santander de la línea de telegrafía óptica que iba de Madrid a Irún, cuyas torres aún son visibles en muchos altozanos de la Meseta".

domingo, 20 de abril de 2014

Poesía en tiempos de disolución


Pintura de Alexander Deineka



La Universidad de Valladolid organiza tres jornadas -25 de abril, 16 y 23 de mayo- en que la poesía será objeto de análisis y valoración. Tal como nos cuentan desde el Área de Extensión y Cultura de la Universidad:

"Vivimos en un tiempo de progresiva disolución de la sociedad que hemos conocido. El contrato social que regula la política está transformándose y pierde sus anteriores perfiles; en lo económico también el modelo antiguo está disolviéndose; en el plano cultural, la introducción de las tecnologías digitales ha dado un vuelco al concepto de cultura que abarca desde los derechos de autor hasta la difusión, permanencia o disfrute de las obras; por último, por no alargar la lista, las Humanidades están disolviéndose en los Estudios Culturales o en los nuevos intentos de asimilarlas o subordinarlas a disciplinas científicas. Cada vez es menor la relevancia que puedan tener la Filosofía, la Literatura o las lenguas clásicas, en parte por la disminución de la financiación pública de las Humanidades en el sistema educativo en parte porque desaparecen de los planes de estudio.

Sin embargo, un arte como la poesía, con varios siglos de existencia, aún tiene un significado social y cultural para la sociedad. Hemos de entender la poesía como un conocimiento no instrumental, una reflexión sobre lo que es la persona, sobre el sentido de la vida, el significado de nuestros actos, etc."


José Luis Rodríguez García

Antonio Huerta

Ricardo Moreno con Batania

Angélica Tanarro

Laura Fraile

Itziar Mínguez

Karmelo Iribarren



La primera cita tendrá lugar este viernes 25 de abril, fecha en la que el poeta y catedrático de la Universidad de Zaragoza José Luis Rodríguez García impartirá una conferencia llamada `Para qué poesía en tiempos sombríos´ que comenzará a las 11:15 horas de la mañana en el Salón de Grados. A continuación, a partir de las 12:30 horas, se celebrará una mesa redonda sobre edición y crítica poética en la que participarán los editores Antonio Huerta (Origami) y Ricardo Moreno (Lupercalia) así como las periodistas Angélica Tanarro (El Norte de Castilla) y Laura Fraile (últimoCero). Ese mismo día, aunque ya por la tarde, habrá una nueva mesa redonda sobre `Lo cotidiano en la poesía´ que reunirá a partir de las 17 horas a los poetas Itziar Mínguez y Karmelo C. Iribarren.





jueves, 10 de abril de 2014

Chatterton o los poemas últimos de Elena Medel




Presentada por Angélica Tanarro, ayer nos leyó poemas Elena Medel de su libro Chatterton. La presentación que hizo Angélica nos la ha cedido y refleja bien los significados de la obra de la joven poeta Medel.




Angélica Tanarro
  
Cuando llegó a mis manos el libro de Elena Medel que hoy nos ha congregado aquí, me sorprendió la etiqueta: Premio Fundación Loewe a la Creación Joven. ¿Joven? Me pregunté, a sabiendas de que ella lo es efectivamente. (Me considero yo así y tengo muchos años más que ella). ¿Cuándo un creador se libra de los apellidos? De las Etiquetas. Lidiamos con ellas, a diario. Son esas muletas con las que intentamos  clasificar lo inclasificable, hacernos señales que nos ayuden en la niebla de los días. Ya sabemos. Pero yo me insistía, si lleva ya mucho tiempo siendo una poeta reconocida... Joven cuando nos mostró en las pasarelas interiores de la poesía su primer bikini. Pero ahora...

No es raro. Mi yo periodista echa mano de los datos. Así que los busqué. Soy muy mala para las fechas. Y sí, aquí donde la ven, tiene solo 28 años pero un camino recorrido. Un camino que parece mucho más largo. Tras recibir el premio Andalucía joven (¿qué les dije?) con 16 añitos por 'Mi primer bikini', publicó otros dos poemarios, 'Vacaciones', 'Tara' y el cuaderno 'Un soplo en el corazón'. También, siguiendo con los datos se podría destacar que, a pesar de su juventud, su obra ha sido traducida ya al alemán, árabe, esloveno, inglés, italiano, polaco y portugués. Nada menos. Y que está en numerosas antologías.

Mi yo poeta, sin embargo, prefiere buscarle explicación a la wikipedia: la poesía ¿no es al fin y al cabo un modo de vivir más intensamente? La respuesta es sí, sin duda. Y algo de eso hay en este libro de título tan atractivo: 'Chatterton'.




Me toca presentarlo. Algo que hago con mucho placer pero con la misma perplejidad con la que asumo siempre estas tareas. ¿Presentar un libro, este libro? ¿Qué otra cosa podría decir que 'aquí lo tienen, léanlo, no se van a arrepentir'? Yo lo he hecho. Más de una vez. Y por supuesto no me arrepiento, y no solo porque en uno de sus poemas esté encerrada una de esas coincidencias cósmicas que se dan entre poetas en particular, y seres humanos en general. Y que me ha devuelto parte de mi infancia y mi adolescencia enredada en un paisaje de mi ciudad natal. No. Por supuesto. No solo por eso.

'Chatterton'  es un título con reminiscencias prerrománticas, que trae adherido uno de mis cuadros favoritos de mis amados prerrafaelitas...¿Qué decir de él? ¿Y de su autora?

Mi yo crítico, ese que anda enredado entre reseñas y análisis en el suplemento literario de El Norte de Castilla podría hablar de las características de su poesía, esa poesía narrativa que nos va contando una historia que nos agarra con presunta suavidad por el cuello y cuando nos suelta nos deja en suspenso, con un regusto agridulce o con una sonrisa un poco amarga, que procede de un controlado manejo de la ironía. Quizá un control que ha aprendido leyendo a una maestra en esto del manejo de la ironía con mano de hierro y guante de seda, otra poeta también narrativa e irónica como Wislawa Szymborska, que aparece en algún pasaje del libro...




Podría decir que efectivamente su voz es radicalmente femenina, (como se decía para mal, porque lo decían críticos misóginos, de la poesía de Silvia Plath o de la de Anne Sexton) aunque esto no sea más que otra etiqueta un poco obvia. Lo es claro. Elena mira el mundo con ojos de mujer y con manos, voz y alma de mujer queda dicho, pero su experiencia es también la de muchas personas no importa el género, que se pueden ver reflejadas en sus versos.

Incluso podría hablar de un libro generacional, pues su relato nos acerca a esos relatos en prosa, y sin argumentos estéticos en los que apoyarse, de tantas personas de su edad que se encuentran en el aquí y ahora de nuestro país, de nuestro entorno geográfico, y a quienes de alguna manera se está robando parte de su futuro, o al menos se les ha entregado descolorido, muy distinto al que se les había pintado de niños. Se ha dicho que es por tanto un libro del desencanto, creo que ella misma lo ha admitido  así en alguna entrevista o ha estado de acuerdo con el rótulo. Fracaso y desengaño son palabras que se asoman sin crudeza desde sus páginas. Y sin embargo todo esto, con ser cierto, o al menos parcialmente cierto, se me queda corto. Me parece insuficiente. Etiquetas, una vez más que explican poco.




Pero, me digo, ¿hay algo que explicar? ¿La poesía no es una decisión que alguien toma por nosotros sin que apenas podamos resistirnos? ¿O esto que digo es solo una excusa romántica más? Una estrategia artificiosa que 'Chatterton' compartiría sin dudar. Sea lo que sea no importa demasiado.  Porque el libro es mucho más que todos esos rótulos a los que se les ve las costuras. Porque un poemario cuando lo es verdaderamente no cabe en las etiquetas. Y juega con el lector, trata de despistarlo, como haría, como hizo una y otra vez, el personaje invocado en su título. Empezando por su tamaño ¿No ven? Parece breve. Conté quince poemas. Pero no se dejen engañar. El libro hay que leerlo hacia dentro, hacia abajo, es decir, hacia lo hondo. Dejándose llevar como hizo Alicia en el País de las Maravillas persiguiendo al conejo, dejándonos caer en el túnel donde quizá encontremos alguna respuesta prometida. Aceptemos las reglas del juego que Elena nos propone y no nos importe si es ella la que lleva las riendas y juega a despistarnos. Como en el poema en el que dialoga con el fantasma de Chatterton, el hombre, el literato -quizá haya que decirlo ya- que fingió ser tantas veces quien no era y acabó suicidándose cuando se cansó de su propio juego. Comienza así ese poema que inaugura el capítulo 'Cuando me preguntan si escribo respondo que ya no':

“Mentí durante diecisiete años. Mentí después/ en todos mis poemas. He mentido durante los diez/ años siguientes. Acércate, soy / como tú. Escucha como late mi corazón/ perverso…"




Pero el lector sabe a estas alturas del libro que su autora no miente. Que si hay algo en estas páginas es una verdad que está a la vista de todos, pero para la que son necesarios los ojos y la perspectiva de la poesía. Para verla, pero también para aceptarla. Por eso no me parece un libro desesperanzado, sino todo lo contrario. Si nos fijamos bien, la poesía es su propia esperanza. Como en ese poema titulado 'Los mortales se nutren de trabajo y salario' y que invoca a Hölderlin en su prólogo:

“Es miércoles. Es noviembre. Hace
frío,

y en el restaurante frente a la estación
cinco mujeres rápidas apuran sus bandejas.
Bajo el abrigo, la maleta –las otras dos
protegen el respaldo—cuatro mujeres
en orden
a las cuatro de la tarde
disuelven su consuelo en el café de un euro.

Comida rápida,
paño de las mujeres solas”




Mi yo periodista le preguntaría a Elena Medel por qué las mujeres están tan solas en sus poemas. Mi yo poeta no lo necesita. Las de mis poemas suelen estar bastante solas también. Entonces, ¿por qué digo -insisto- que no es un libro desesperanzado? Apenas puedo responder a esa pregunta. Es una sensación de lectura. Pero afirmo que del libro emana luz. Tiene luz la maceta de hortensias de la terraza, aunque sepamos que una flor trasplantada desde su tierra natal a una tierra extraña tenga los días contados, tiene luz esa madre con dos hijos que se desplaza al centro en transporte público, tiene luz la plegaria por la hermana que se despide, como la tienen otros afectos repartidos por el libro.

Que nadie se equivoque, se pueden decir las cosas más duras con pocas, exactas y contundentes palabras. Si además son poesía, como en este caso, no añadirán negrura al mensaje, pero no serán blandas, no cometerán el pecado de la ñoñería, no se alinearán al lado de los cursis, no harán un canto a la obviedad. Por el contrario, aquí lo vemos, la luz que arrojen los poemas nos mostrará los contornos de la vida, el ritmo de su latido, y ese latido será nuestra esperanza. O dicho con otras palabras: Honrar el hecho de estar vivos, lo llama Lobo Antunes ese poeta que nunca escribe versos.

Pero para finalizar y ya que hablamos de juegos y engaños terminaré contradiciéndome y poniendo yo misma una etiqueta. Una etiqueta que se rebele contra los otros apellidos. Estamos ante un libro muy maduro que espero contra lo expuesto en el rótulo del último capítulo que sea el inicio del resto de su vida literaria. Porque está claro que, inevitablemente, Elena Medel ha aprendido quizá una lección tan agridulce como irremediable en este tiempo de silencio que ha precedido al poemario y si la lección vital ha sido provechosa nos esperan más felices libros suyos, aunque los leamos con una mano en el corazón acongojado.